viernes, 8 de mayo de 2009

La guitarra




Imagina las calles del centro de Valencia, con su historia, su antigüedad, su olor a años de silencio, con sus voces grabadas en las paredes. Escucha el rumor de los viandantes, contempla la belleza de las flores agolpadas por salir del balcón que las retiene. Mira el cielo azul, tan azul. Siente como el sol entra por cada poro de tu cuerpo y sale el invierno de tus huesos y a lo lejos una vibración, un sonido familar y a la vez desconocido.


Me adentré por el laberinto de los barrios centricos. Buscaba el origen de las notas. Deseaba contemplar la fuente de tanta belleza y de pronto, ahí estaba. Un chaval acariciaba su guitarra y liberaba la alegría que prometían las cuerdas. No sé si era un genio pero ese día, de vuelta al trabajo, me sentí feliz.


La primavera llega a las personas en el momento menos esperado. De repente, el calor que emanan las cosas buenas evapora los miedos a la crisis, a las enfermedades, a los hijos, a las parejas, a los trabajos...
En ese instante frena el bullicio de tu día y escucha la guitarra.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Vendo tiempo para respirar


El mundo laboral me tiene completamente sumergida. De repente ya no cuento con tiempo para nada. La ducha, la preparación de la cena y la comida del día siguiente, así como, la recogida de ropa se han convertidos en mis grandes retos diarios. En ese frenesí de vida, cansada hasta de respirar, sentí la necesidades de volver a mi senda de origen. A ese camino del voluntariado, donde podía expresarme tal y como soy y ayudar a crecer a otros, que a su vez me hacían evolucionar a mí.
Mi barrio está situado en una zona más bien de clase media- baja, por lo que, te puedes encontrar asociaciones de diferentes características, cuyo objetivo es proporcionar apoyo a los residentes de la barriada. Entre este elenco, me fije en una puerta que decía llamarse: Escuela de adultos. Y allí llamé yo, con mis dos carreras, mi experiencia profesional y mis planes de empezar unos nuevos estudios universitarios. Mi slogan no era otro que: Chica con alta formación se ofrece gratis a hacer cualquier actividad educativa.
Una de las profesoras tomó mi teléfono y me aseguró, que hablaría con la directora para explicarle mis inquietudes.
Contenta volví a mi casa, sintiéndome más útil, más humana, un poco más alejada de ese ciclón consumista que nos devora. Estaba dispuesta a quitarme el poco aire de libertad que me quedaba para entregárselo a otros que lo necesitaban más que yo.
Ese día, mis enemigos de la cotidianidad no me parecieron tan temibles y me preparé una cena como toda una señora. Cogí mi ordenador y empecé a diseñar un programa educativo para todas las posibles ramas que me podían asignar: alfabetización, complemento formativo…
Al día siguiente me llamaron y me comunicaron, que en esos momentos no necesitaban a nadie. Me invitaban a intentarlo el año que viene.
Colgué y me puse la careta de gilipollas. Qué mundo este, que ni si quiera tiene sitio para un trabajador gratis que quiere ayudar a los demás.
Volví a mi ordenador, a mi sociedad de consumo y a mi batalla del día a día. Eso sí, un poco más triste...

viernes, 21 de noviembre de 2008

Bienvenidos

Hace un par de semanas iba en mi coche escuchando la radio, cuando los colaboradores del programa confesaron a la presentadora que tenían un día raro. A partir de aquellas declaraciones muchos oyentes llamaron a la emisora expresando el mismo sentimiento. Aquello me llamó notablemente la atención ¿hay tanta gente con días raros? Esto me dio esperanza, pensé que la humanidad estaba salvada, porque si existía gente con días raros significaba, que aún había personas capaces de pensar, de soñar, de frustrarse,de ser felices, es decir, seres que mantenían vivos sus sentimientos.

Si tú también sientes que tienes días raros este es tu lugar, nuestro espacio. Una habitación secreta desde donde podemos lanzar pensamientos que se conviertan en cantos de esperanza, un sitio en donde expresar nuestro más hondo pesar, porque las personas con días raros son aquellas que saben, que los sentimientos y las emociones son el verdadero motor que mueve el mundo.